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Hatcheries y Nurseries: ¿Lo que el viento se llevó…?

Edición Enero / Febrero de 2018

Como decía  el escritor escocés Arthur Conan Doyle por boca de su famoso detective Sherlock Holmes: “Es un error teorizar antes de poseer datos. Uno comienza a alterar los hechos para encajarlos en las teorías, en lugar de encajar las teorías en los hechos”.  Así pues, vamos con los datos; según un informe de la FAO la demanda mundial de productos pesqueros se ha más que triplicado desde 1960, va a seguir creciendo a fuerte ritmo hasta por lo menos 2025 y se prevé que alcance al menos el 50% de la producción pesquera total, todo ello debido al incremento de la población sobre la tierra y al aumento en el consumo per cápita de pescado. La pesca mundial se estancará en los próximos 30 años, por lo que la acuicultura se presenta como uno de los sectores productivos con mayor potencial de crecimiento y diversificación. A la vista de estos antecedentes  se podría concluir que las perspectivas de la acuicultura como negocio son, cuando menos, interesantes.

Nuestro refranero indica que “Por mucho trigo, nunca es mal año”. Por lo tanto vamos a echar un vistazo a los datos del Informe  sobre la Acuicultura  2017, editado por APROMAR, donde se puede constatar que en 2015 estaban en funcionamiento y con producción en España un total de 5.129 establecimientos de acuicultura. De ellos, 4.818 lo eran de moluscos en acuicultura marina, consistentes en bateas y “long-lines” en los que se realizan cultivos verticales de mejillones y otros moluscos. El número de establecimientos en costa, playas, zonas intermareales y esteros fue de 77. Y operando en viveros (jaulas) en el mar había 47, para el cultivo de peces. Las estadísticas evidencian una constante reducción con los años en el número de establecimientos de acuicultura en España, pasando de un máximo en 2007 de 5.313 a los 5.129 actuales. En términos empresariales este descenso de la oferta frente a la demanda también podría considerarse un buen indicador para las iniciativas emprendedoras.

Pero aplicando la “Técnica Prats” permítanme que insista, según datos de la Estrategia Andaluza para el Desarrollo de la Acuicultura Marina (EADAM) en Andalucía, sin considerar los cambios de los  últimos años, existen 11 hatcheries autorizadas: 5 en la provincia de Cádiz (2 inactivas), 4 en la provincia de Huelva, 1 en la provincia de Sevilla y 1 en la provincia de Granada (inactiva). La producción total de larvas de langostino tigre y las de semillas de almeja japonesa proceden de hatcheries situadas en la provincia de Huelva. La producción de larvas de dorada  procede de hatcheries situadas en las provincias de Cádiz (47%) y de Huelva (43%). La producción de larvas de lubina procede de hatcheries situadas en las provincias de Huelva (74%), y de Sevilla (26%). La producción de las larvas de lenguado tiene su origen en hatcheries situadas en las provincias de Cádiz (95%) y Sevilla (5%). La producción de larvas de corvina procede de una hatchery situada en la provincia de Huelva, y las de atún y seriola proceden de una hatchery situada en la  provincia de Cádiz.

Andalucía en el año 2012, contó con un total de 21 nurseries autorizadas: 2 en la provincia de Almería, 11 en la provincia de Cádiz (2 inactivas), 6 en la provincia de Huelva (2 inactivas), 1 en la provincia de Sevilla y 1 en la provincia de Granada (inactiva). De éstas, diez han tenido actividad productiva y cuatro acumulan el 71% de la producción de preengorde andaluza. De estas nurseries, 11 cuentan con sus propias hatcheries, formando los denominados criaderos, de las que 9 pertenecen a centros de producción integral. Además, hay 8 nurseries que se encuentran integradas con instalaciones de engorde a talla comercial y 4 especializadas únicamente en esta fase de cultivo.

Ya tenemos datos, ahora ya solo resta utilizarlos para prospectar el futuro. A mí, como a otras muchas personas me interesa el futuro, por los mismos motivos que explicaba Woody Allen, por qué es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida. Para conocer ese futuro tenemos que afrontar los retos venideros. Entre ellos se pueden destacar: la necesidad de buscar un balance equilibrado entre la oferta y la demanda, la apertura de nuevos mercados, la obligación de abordar la innovación, las deseables revisiones de la fiscalidad existente y la mayor implicación del sector asegurador en considerar las existencias de peces como garantía crediticia, de tal forma que la producción se pudiera orientar hacia la promoción y consolidación de nuestras hatcheries y nurseries en los mercados internacionales.

Según la Sociedad Mundial de Acuicultura, el futuro del sector debe basarse en el desarrollo tecnológico, las prácticas sostenibles y la diversificación de especies cultivadas. En este sentido, la Comisión Europea ha aumentado las ayudas a la innovación, en detrimento de las especies de cultivo ya consolidadas. Para la Comisión Europea, apoyar a las nuevas empresas en sectores emergentes es la clave para la creación de empleo y cohesión social, y por eso ha dotado de financiación diversos programas operacionales como el Fondo Europeo Marítimo y de la Pesca (FEMP), el programa para la Competitividad de las Empresas (COSME), la convocatoria Horizonte 2020 y, sobre todo, el Instrumento PYME. Los expertos de la Comisión al hablar de acuicultura han tenido en cuenta tan solo una parte de lo que representa la producción acuática destinada al consumo humano directo. Pero hay otra acuicultura que pasa desapercibida y es menos tenida en cuenta que da servicios de mejora ecosistémicos y, que puede operar como proveedor de suministros y/o productos intermedios, o de recuperación de especies que no deben ser menospreciadas.

Dentro de esta “otra acuicultura”, nos encontramos también con la destinada a dar servicios a la biotecnología azul, que predica la Comisión, y que permite obtener productos o procesos específicos de los organismos acuáticos y cuyo destino no es el consumo humano directo, entre los que cobra un nuevo auge la producción de alevines. Circunstancia que queda corroborada por el reciente artículo publicado en el World Fishing & Aquqculture donde se reconocía que: La empresa turca Kılıç Deniz, el criador de alevines más grande de Europa, ha llevado a cabo una segunda entrega de juveniles de peces vivos a Omán. Los alevines fueron llevados al aeropuerto de Esmirna a Omán y toda la operación duró 40 horas. Kılıç Deniz es el líder del mercado en dorada y lubina, y aproximadamente el 50% de la dorada y la lubina producida en Turquía es criada por Kılıç Deniz. Según sus propias declaraciones: "Cumplimos con la mitad de la producción de alevines de pescado en Turquía. Exportamos peces juveniles a Túnez, Omán, República Dominicana y Arabia Saudita”. Pues bien, parece que en ese segmento del mercado se podría ubicar una oportunidad de negocio que, como cualquier otro, en palabras de Warren Buffett, tiene que cumplir dos reglas: 1. Nunca perder dinero y 2. Nunca olvidar la regla número 1. A este estructurado aforismo del Sr. Buffett, habría que añadir la necesaria consideración de aquel obsoleto pero imprescindible  término de “las externalidades medioambientales” que como todos sabemos, cada día más, han pasado de ser cualidades externas a inestimables cualidades internas de una empresa.

Gracias a las ayudas del FEMP (2014-2020), de los Planes Estratégicos, y del buen comportamiento del mercado; así como de una mayor actividad de los centros de engorde en el norte de África, hacen prever que en los próximos años, la demanda de alevines de dorada y lubina crecerá de manera importante. A esta circunstancia que ya de por sí es una buena oportunidad de negocio para los criaderos que están operativos, se suma el hecho de la crisis que atraviesan importantes centros de producción de alevines y juveniles en el norte de Francia y España. Esta menor oferta en el mercado de unidades de doradas y lubinas obliga a las granjas de engorde a depender de las producciones de alevines de terceros que garanticen las próximas campañas. La falta de alevines puede traer consigo además, una subida de precios del alevín que en la actualidad tiene un precio promedio de 25 céntimos la unidad, y que tiene un mercado potencial de 80 millones de unidades, es decir, de 20 millones de euros en valor. Llegados a este punto sólo cabe concluir con una famosa sentencia de Victor Hugo: "El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Es de esperar, para un mayor engrandecimiento de la economía regional andaluza, que el reciente Comité de Acuicultura Marina de Andalucia abogue por la opción de los valientes y, que en la medida de lo posible, se impulsen este tipo de iniciativas. 

 

Carlos Norman. Universidad de Cádiz.


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